10.13.2006

Antimanuel para uso de chavistas

A principios de la década de los setenta, Ludovico Silva publicó un libro fundamental para la discusión teórica de la izquierda: el Antimanual para uso de marxistas, marxólogos y marxianos. En esa obra, partiendo de una concepción transformadora, propiamente marxista, Ludovico Silva pone al día y en su justa dimensión categorías como alienación, ideología, dialéctica, materialismo dialéctico. El resultado: un antimanual que destruye todo el pensamiento manualesco acerca de Marx y el marxismo.

He recordado el Antimanual estos días a propósito de la campaña electoral. No es mi intención convertirme en un amarillista de esos que anuncian conspiraciones cada semana, pero como la oposición va a arreciar sus ataques, no está demás recordarle a los chavistas (y a los no chavistas) cuáles son las verdaderas intenciones de Manuel Rosales y quienes están detrás de su candidatura: salir de Chávez a como de lugar, por las buenas o por las malas. Como por las buenas no pueden, entonces por las malas. Va pues, en honor de Ludovico Silva y sin ánimo de que esta mala imitación comprometa su prestigio, este “Antimanuel para uso de chavistas”.

Condiciones electorales: nunca antes en su historia disfrutó Venezuela de un sistema electoral tan transparente como el que ahora tiene. El uso de las tecnologías de la información y las comunicaciones hicieron cosa del pasado y dejaron para siempre en la cuarta república prácticas como el voto doble o hasta múltiple, el voto de los muertos, la suplantación de votantes, el robo de votos. Todas resumidas en la nefasta “acta mata voto”. También se acabó con la angustia que generaban los días de espera para saber quién había “ganado” las elecciones. En resumidas cuentas, en Venezuela se acabaron para siempre las posibilidades de hacer fraude.

Pero Manuel Rosales y su combo, ante la derrota inminente, incontestable e incuestionable, insisten en manipular, tergiversar, desestabilizar. Por eso pretenden meter sus manos en el registro electoral y manipularlo como otrora; por eso “exigen” la eliminación de las captahuellas y el regreso al voto manual. Pero los venezolanos no somos cogidos a lazo, como se dice popularmente. Así que REP auditado y depurado, captahuellas y voto electrónico con ellos. Para que aprendan de una vez por todas que nunca más se volverá a torcer la voluntad popular en Venezuela.

Programa de gobierno: durante la cuarta república se gastaba ingentes recursos para engañar a los venezolanos. Panfletos denominados “programas de gobierno” no eran más que una ristra de mentiras y falsas promesas. Con Manuel Rosales han revivido. El ladino candidato promete dar un sueldo a los desempleados; promete depositar el dinero del petróleo a cada familia venezolana; promete acabar con la pobreza (tal vez, como decía Alí Primera, matando a los pobres. Total, para eso tiene a su López Sisco); promete…

Pero los venezolanos saben leer y saben pensar (aunque Rosales y compañía sigan ignorándolo). Y nadie toma en serio tantas ridiculeces. Para no coger arrecheras, la gente prefiere reírse de las promesas del neoadeco. Porque la gente sabe que lo que se necesita no es otro panfleto más, lleno de mentiras y de promesas irrealizables. Sabe que lo que se necesita es un proyecto de país. (El país delineado magistralmente en nuestra carta magna, una de las más avanzadas del mundo.) Y sabe que con el gobierno de Chávez hacia allá se camina. Un país con un modelo de desarrollo sustentable e integral, con equilibrio en los planos social, económico, político, territorial e internacional.

Propiedad privada: Rosales no es gallo para Chávez, pero él se lo cree. Y no porque quiera despertar al pueblo cada madrugada, sino porque quiere madrugarlo. El candidato neoliberal dice que respetará la propiedad privada, “desde el más humilde hasta el más ostentoso”. Pero juega al engaño y la manipulación. Engaña porque un gobierno suyo no se ocuparía de los humildes; como buen perro del imperio, jamás mordería la mano del amo que le da de comer. Manipula porque trata de que el pueblo confunda propiedad y capitalismo; metiendo en el mismo saco a humildes y ostentosos espera que los primeros, en defensa de sus pertenencias (una casa, un carro), salgan a defender a los grandes capitalistas. Se le olvida, malintencionadamente se le olvida, que la exclusión de los humildes es el mejor producto de la cuarta república.

Rosales intenta asustar al pueblo con el cuento sesentero del coco comunista. Candidato adeco recurre a tretas adecas. Pero los adecos ya no tienen cabida en la nueva Venezuela. Y las mañas que aprendieron no les sirven para asustar a un pueblo que está consciente de su rol protagónico. “La participación del pueblo en la formación, ejecución y control de la gestión pública es el medio necesario para lograr el protagonismo que garantice su completo desarrollo, tanto individual como colectivo”, reza el artículo 62 de nuestra constitución (cursivas nuestras). Por ello, el gobierno de Chávez, que se empeña en garantizar que cada venezolano tenga las oportunidades de desarrollarse, individual y colectivamente, goza del respaldo de la mayoría popular. Porque no se trata únicamente de garantizar el respeto a la propiedad privada, sino el respeto a la dignidad humana. El socialismo del siglo XXI no busca quitarle a los ricos para darle a los pobres; el objetivo es que cada uno tenga los recursos y comodidades necesarias para que sus derechos, consagrados en la constitución, no se queden en letra muerta.

Imperio: Rosales tiene claro los intereses de quién representa y ante quién responde. Tan claro que lo primero que hizo apenas se enteró de que era el ungido fue salir corriendo a Miami a pedir instrucciones. No le quedaba otra, pues el gobierno venezolano, que no se deja meter strikes del gobierno gringo, se niega a dar su autorización para que Mr. Danger abra un consulado en Maracaibo. Si quiere seguir metiendo su cuchara en Venezuela para desestabilizar que por lo menos le cueste. ¿Un consuladito aquí y otro más allá para que venga a conspirar en nuestras propias narices? No señor, que sude ese… lomo.

El pueblo venezolano también está claro. Sabe que Rosales no es más que una marioneta de Mr. Danger y que la pelea es con el que mueve al monigote. Para eso hay que estar preparados, porque ese no come cuentos. Si a los vendepatria de aquí les importa un comino el pueblo, aquél no va a pararse a pensar si los que mueren mientras él se roba el petróleo –como en Iraq- son humildes venezolanos. De hecho, le sabe a mierda que sean de su propia camarilla de lameculos. Si tiene que invadir, invadirá; si tiene que matar, matará; si hay que producir la secesión del Zulia, ni se diga. Y si para ello tiene a Rosales y toda esa bola de pendejos, mejor que mejor. Porque hacer fraude, como ya se dijo, nunca más en estas tierras.

Revolución: podrá ser lameculos, pero bolsa no es Rosales. Por eso, el cuento de que él sólo pasaba por el vecindario cuando lo de Carmona y como allí pasaban asistencia, pues él firmó, no se lo come nadie. Pero los venezolanos tampoco son bolsas. Y no olvidan que en las 47 horas que duró la carmonada, de la que formaban parte Manuel Rosales y muchos de los miembros de su comando de campaña, el fascismo se instaló en Venezuela: Chávez secuestrado, Carmona autoproclamado, la embajada de Cuba asediada, Rodríguez Chacín y Tarek William Saab detenidos, círculos bolivarianos perseguidos, los muertos de Puente Llaguno, poderes públicos abolidos. Todo con la bendición de la jerarquía católica.

Pero hay más. En casi ocho años de gobierno chavista también han intentado sabotajes petroleros, guarimbas, paros patronales, desobediencia militar, marchas, fraudes, paramilitarismo y un sinfín de prácticas antidemocráticas. De todo para acabar con la revolución bolivariana. Y de todo eso forma parte Manuel Rosales. No es una simple raya que se va a venir a quitar diciendo que era muchacho y cometió un error. Rosales siempre ha estado en la pomada: él conocía y conoce los planes desestabilizadores; de lo que él haga depende el éxito de los mismos. Él es parte del engranaje de la conspiración contra Venezuela y su revolución.

Si Rosales y compañía no son ningunos pendejos, en cambio son malos estrategas. Tantos asesores y tantos planes y sólo han disfrutado de 47 horas de gloria. (47 horas de infierno fascista para el resto de los venezolanos.) Todo porque siguen creyendo que el problema es Chávez. Por eso han desperdiciado todo el arsenal mediático, económico, político, electoral y militar del que han dispuesto en estos años. Lo mismo va a suceder este año, porque su apuesta sigue siendo acabar con Chávez. Van a fallar una vez más, no sólo porque el presidente arrasará el próximo tres de diciembre. Van a fallar porque la revolución, como quedó demostrado en abril de 2002, no es sólo Hugo Chávez. Él es sólo un soldado de la revolución bolivariana. La que es del pueblo, de donde extrae su fortaleza. En la que el protagonista es la inmensa mayoría de los que durante mucho tiempo fueron excluidos, aquellos a quienes los Rosales de la política puntofijista les robaron su dignidad y su vida. Aquellos que hacen la revolución. Porque en Venezuela el pueblo es la revolución.